Juan Alberto Madile
L. V. Beethoven
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Sobre si tiene una esencia el hombre

Debemos partir del existir para alcanzar recién una posible "esencia" del hombre. Del ser de las cosas, se infieren las nociones de existencia, de esencia y de mundo. "Esencia", como totalidad 

Debemos partir del existir para alcanzar recién una presunta "esencia" del hombre. Del ser de las cosas, se infieren las nociones de existencia, de esencia y de mundo. "Esencia", como totalidad de las determinaciones que opera una conciencia acerca de algo; y "mundo", como totalidad de las determinaciones de todo cuanto existe.

Pero es el hombre el existente que constituye su propia esencia; y el correlato de ésta en la realidad será la imagen que proyecte de sí mismo al constituirla, aún ante sí mismo. Estableciéndose así un mundo, fondo siempre renovable, de una estructuración de la realidad a la que los hombres que viven juntos tributan.

Es que el intelecto humano se niega a reducir la realidad a la dispersión inacabable de las cosas y a la serie ininteligible de los sucesos. Busca en cambio, en cosas y sucesos, relaciones estables de determinación y explicación. Y no sólo esto: aspira a la integralidad de tales relaciones. Es decir, pretende un mundo que tenga sentido para él. Que también es decir: aspira a la unidad de lo disperso y sucesivo. Pero eso sí: referido a un ser real, espacio-temporal... si bien representado en el espacio lógico del pensamiento y desde su propia perspectiva temporal del aparecer y desaparecer de cuanto acontece. Esto es, que se compruebe para él, la razón de lo que existe.

Y en ese proceso el hombre realiza su propia esencia, porque ese espacio que despliega es también campo de su comportamiento. Esencia que debería ser la por él elegida. Acto de hacerse entonces, a partir de su percepción de la realidad, que es a un tiempo apercepción (o conciencia) de sí mismo.

Por lo que esta "distancia de sí a sí" que se opera en él, con la consiguiente separación entre una existencia que le es dada y un ser que él se propone ser, se proyecta en la realidad. Es que él será lo que se haga de sí mismo pero sin perder relación con todo cuanto él no es pero de lo cual depende. 

Ser viviente consciente de sí que se hace real en un medio que no es él, que es distinto de él, pero en que precisa sostenerse; por lo que su pretendida esencia nunca llega a completarse en una totalización. Y es que esto hace, precisamente, a su fundamento.

De modo que a su existencia, unicidad irreversible e insustituible ella misma, le agrega el hombre al unificar como lo hace, una unidad interior que, más que esencia completa es imperativo de su realización... nunca definitiva por lo demás.

Es cierto que en tanto, hay ya espíritu; lo hay en él, al haber dejado de reducirse en el proceso, a las necesidades de su organismo. Y no sólo que lo hay en cuanto referido al mundo (así como éste lo es en relación con el espíritu) sino que lo hay también en el acto mismo de realización del hombre, que se formula como un deber-ser: de lograr, con su unidad, el dominio de sí y el de ser auténtico en la elección de sus alternativas (lo que supone tanto conservación como mejoramiento). De modo que la facticidad se interioriza en él como razón personal.

Llegados al mundo cognoscible, no creo nos corresponda exceder sus límites introduciendo  principio metafísico alguno por sobre las nociones de esencia y existencia. No es posible proseguir un ascenso más allá de la cima. La ciencia hoy nos muestra distancias inconmensurables, pero no otra cosa que realidad física.

Tampoco moralmente es ello menester... si el verdadero mérito consiste precisamente en observar la conducta correcta en cumplimiento de un deber autoimpuesto, por responsabilidad personal y consideración al otro; en ser bueno, en definitiva, aunque no haya recompensa en un más allá.

Por eso, mejor atenernos en este contexto a una espontaneidad humana que no pierda de vista el fundamento que estamos procurando.

Volviendo a la percepción y siguiendo con la lógica, el "algo" (percibido) se coloca como sujeto de un juicio que es primera determinación de su existencia. El total de cuyas determinaciones, aquéllas necesarias y distintivas, constituyen su esencia: "Toda existencia es existencia de algo y toda esencia lo es de algún existente". Ambos términos son, pues, indisociables y complementarios.

¿Y a qué fundamento nos ha conducido en conclusión, en cuanto al pensar y al obrar humanos, lo expuesto hasta aquí... fundamento o falta de fundamento según se mire, puesto que autoriza a cada uno la elección de su mejor esencia en tanto no afecte a los demás?

... No a otro que a la libertad individual; que, como ley de realización personal no autoriza nunca se agote esa búsqueda porque, de ocurrir, suprimiría el fundamento mismo que sustenta a quien, al trascender un obrar instintivo: ha alcanzado la conciencia de sí, ha conseguido establecer relaciones que estructuran una realidad que la hacen para él inteligible, que reflejen su esencia y le permitan verse y así reconocerse como humano. Es que a su conciencia inteligente le es insoportable la ausencia de sentido de la realidad y a su ser le es imperioso realizarse en ella.

Finalmente, mención obligada de la vida del hombre es la de su convivencia: que si "algo" lo trasciende, que ese algo sea "alguien" con quien convivir; así como la mención del plano de una esencia o espíritu objetivo de significados que compartir: el de su cultura social. 

Pero urgidos por la crisis que nos atraviesa, ¿cómo concretar entre nosotros, aquel ideal kantiano del libre juego de los arbitrios bajo una ley universal de libertad?... Y concluyo recordando el credo que Beethoven profesó toda su vida: "amar la libertad por sobre todas las cosas"... es que nada es más digno: es no humillarse ante el poder ni rebajarse al interés.

Su publicación periodística en Rosario (Argentina), el 26 de julio de 2021.



Una buena voluntad