Juan Alberto Madile
El hombre, según Leonardo Da Vinci
Compartir:               


Fenomenología de una personalidad individual

A Edmund Husserl le debemos la superación en la teoría del conocimiento, de la alternativa entre realismo e idealismo.

A Edmund Husserl le debemos la superación en la teoría del conocimiento, de la alternativa entre realismo e idealismo. Según la primera posición, en la realidad todo se tiene por dado; y según la segunda, a todo lo concibe la idea. Predominio: ora de la realidad, ora de la conciencia, mientras que lo que en verdad se da es una correlación entre ambas y no predominio de una sobre otra.

Lo que ocurre es que nuestra conciencia tiende hacia lo que ella no es. De ahí su apertura al ser objetivo. Y de ahí la correlación... entre la objetividad del ser y la subjetividad de la conciencia, dicho en otros términos.

Ahora bien: por uno de los términos de esta correlación, se halla la objetividad de lo real. Es que la conciencia (inteligente) no sólo que tiende a lo que no es sino que persigue la unidad de cuanto los sentidos perciben afuera; ello en procura de su propia unidad; pero como no tiene ella por sí, efecto práctico sobres cosas y acontecimientos (que ya la percepción ha comenzado a organizar desde la subjetividad), es que la unidad del ser que pretende no puede ser más que unidad de sentido, no más que algún significado en hechos y cosas; sin una transformación todavía efectiva.

Y dicha unidad de sentido en las cosas presupone entonces, por el otro término de la relación, a una conciencia; por eso co-relación... entre ser y conciencia. Y de ahí también la denominación de fenomenología... puesto que al ser se lo acepta pero sólo en tanto se hace presente a la conciencia; esto quiere decir: en tanto fenómeno.

Pero la conciencia no es una cosa. Precisamente ésta, su "ajenidad" a lo real, le da a la relación que sostiene con lo que ella no es, un carácter problemático; de ahí pues un interrogar, acaso dudando, acerca de todo lo que ella no es; vale decir: acerca del sentido de (todo) un mundo... que es su correlato en definitiva. De ello resulta la estructuración (lógica) de esa realidad, según formas (relacionales) dados a contenidos (empíricos), que permitan responder al principio lógico de no contradicción que el sentido requiere. Lo que muestra la unidad buscada, sólo que ahora compleja.

Que tal es el conocimiento; el cual se explicita formulado en juicios. Que son respuesta a aquel interrogar. La conciencia se corresponde por tanto -y sólo así puede reconocerse ella misma- no con una nuda realidad sino con una organización de ella (que ya la percepción ha iniciado); que se considera racional.

Pero la correlación se da, como no puede ser de otro modo, dentro del todo a que nada escapa, dentro de una realidad espacio-temporal dicho esto con su alcance más amplio... aunque el sujeto quiera colocarse ante ella para entenderla. Correlación abarcada así por esa dimensión suprema de la realidad que es la temporalidad, que es el despliegue del tiempo; marco y forma fundamental también, de la conciencia misma: si es en la continuidad del movimiento vital que la conciencia procura la permanencia de los significados... para poder recién reconocerse.

En efecto: estos significados son, en principio, los mismos; son permanentes e idénticos, en el sentido que lo son en toda circunstancia y (en principio) para todos. Si bien sujetos a revisión, relativizados por el tiempo como también están. Lo que fuerza a la renovación de significados  y de perspectivas.

De modo que es dentro de las secuencias temporales -y para una conciencia-, que se dan: tanto la retención de las vivencias (con sus circunstancias) que más tarde se recuerden, como la expectativa (o anticipación o proyección) en relación con posibilidades futuras. Y es pues en la temporalidad que en definitiva se da, la conexión del fluir de la conciencia con lo permanente a que ella quiere fijarse. Si... ¿qué es el hombre... sino conciencia del tiempo?

Pero por lo mismo, la estructuración de un ser objetivo implica siempre actividad creativa por parte de su conciencia. Que ésta elabora como significatividad. Es lo que hace de la vida en un sentido puramente biológico, un mundo cultural.

Y  es por obra de un "yo" todo esto; constituido asimismo en el proceso, como unidad e identidad de esa corriente de vida. Constitución en dos momentos: el de polo idéntico de los momentos de la conciencia y el de esfera de lo propio como contrapuesto a lo que es extraño a ella.

Vale decir, constitución del propio ser ahora; con propiedades estables, nunca inmutables; y con hábitos permanentes, si bien tampoco inalterables. Lo que también es decir, con un carácter personal; que permita alcanzar finalmente, el dominio de sí.

Ello en un cuerpo propio; centro y sostén de ésa, su "esfera de pertenencia". Pero cuerpo orgánico, no simple cosa: a él se adscribe un campo de experiencia sensible sobre el cual se actúa. Ahora sí, de un modo efectivo.

Y a partir de aquí, dadas condiciones socioculturales adecuadas, el desarrollo con libertad, de una personalidad individual no masificada... ¿creemos darse entre nosotros estas condiciones?, ¿beneficia por ejemplo a quien lo haga, decir la verdad según su criterio personal en lugar de lo que la gente quiere oír?, ¿no rinde acaso más engañarla, para vender el producto o comprar el voto?

Su publicación periodística: en Rosario, el 13 de septiembre de 2021.



Una buena voluntad