Nunca y siempre, desde entonces
Ya nunca y por siempre
Jamas, palabra que enfatiza
tanto el ya nunca como el por siempre,
es aquí aplicable:
por esa cosa de hombres
nunca lloré en tu presencia;
y cuando te perdí
en aquel fatídico día,
tampoco lloré en compañía;
y si lo hice en soledad
fue en silencio...
pero cada día te recuerdo
y cada noche te rezo un te quiero
que nunca te dije
ni tampoco entonces pude;
ni abrazarte ni tomar siquiera tu mano,
también destrozada;
porque en seguida
la nube blanca de médicos:
desconectando, explicando en desorden
pero reclamando al unísono.
Supe ahí que la realidad era eso;
y que también mi juventud ahí moría,
junto a mi condición de hijo.
Y que en mí se instalaba
una tristeza definitiva.
No te lloré ni casi velarte pude,
en cambio te dije: yo me ocupo;
y me aboqué desde ese día
a honrar tus compromisos.
¡Con tan repentino nunca más,
mi querido viejo,
cómo no tanta y dolorosa
orfandad por siempre!
Y pienso que en mi último momento,
ahí estarás; no será más que un instante;
no te veré ya lastimado
ni tu respiración sonará mecánica,
pero sé que tampoco entonces
podré abrazarte...
Pasaron cincuenta años desde entonces,
ahora, como cada noche de cada día,
enfatizo en tu recuerdo.
