Juan Alberto Madile - Pensamientos
La Piedad
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La fe, la razón y sobre la posibilidad de una metafísica

Durante siglos, los relatos más aceptados sobre el origen del universo y del hombre fueron dictados por la fe. En las creencias basadas en ella, la humanidad 

                                                 Reflexiones preliminares     

                                                          I. La razón

Durante siglos, los relatos más aceptados sobre el origen del universo y del hombre fueron dictados por la fe. En las creencias basadas en ella, la humanidad creyó encontrar respuesta a sus interrogantes sobre su pasado y su mundo, la tierra. Es a partir del siglo XV que comienza a imponerse un nuevo criterio: el de la razón y no sólo el de las creencias aceptadas. Según Copérnico, la tierra no era el centro del universo... que descubrimientos geográficos posteriores lo demostraron. A él siguieron Galileo Galilei e Isaac Newton. Tales, las bases de la ciencia moderna, apoyada en la experimentación y la comprobación.

Como lo es, la geología, que estudiara el origen, composición y estructura de la tierra, comprobando que su antigüedad no era de unos pocos millares de años  sino de millones de años.

De manera que el origen del hombre tuvo que haber sido asimismo, muy anterior a lo que se reconociera hasta entonces, como al menos un millón de años antes, dada la aparición de múltiples vestigios de aquel pasado remoto que otra ciencia, la arqueología, comprobara.

Ello, por el descubrimiento de restos de seres, que pueden reconocerse como humanos, hallados junto a los referidos vestigios, se supo así del australopitecus del paleolítico, en la región oriental y meridional de África y durante el período geológico del pleistoceno (o época glacial), del pitecántropo del paleolítico inferior, que ya caminaba erguido y con un cerebro de mayor tamaño que cualquier otro antropoide, del neandertal del paleolítico medio, más evolucionado y cuyos restos se encontraron en Europa, Asia y África... hasta llegar al homo sapiens del paleolítico superior, por restos hallados en Cromagnon y en otros lugares...

Vestigios y huellas muy antiguas, tales como armas, herramientas y otros utensilios, descubiertos en grutas y cavernas que le sirvieran al hombre primitivo seguramente de abrigo, permiten inferir que éste lograra así defenderse y sobrevivir, y hasta alcanzar un cierto dominio de su entorno natural, como lo fue el dominio del fuego, elemento que acaso antes temiera... hasta llegar a producirlo por sí mismo por fricción... con lo que se proveyó de luz y calor alejando a predadores de las grutas y cavernas, que ocupara para sí... y que además decorara... con actividad en común, aque obligó la caza de mamíferos grandes, así como para otras actividades...

Lo cual requiriera de algún grado de agrupamiento, organización y comunicación, lo que nos hjace comprender el culto a los antepasados, de los que se sintieran deudores. Y a quienes enterraron con armas y alimentos, indicio de una creencia en otra vida.

Todo lo expuestos, es lo que en parte nos dice la razón científica.

                                                          II. La fe

Porque también originaria habrá seguido siendo en ellos seguramente, la fe en sus dioses; con símbolos "que los trascendieran y envolvieran"; representados en íconos, que pudieran hacerlos presentes en prácticas colectivas, experiencia que los hiciera conscientes a los primitivos de la vida que les fuera dada y por tanto la invocación a su protección y la expresión de su gratitud por mantenerlos con vida... gratitud, único exceso que nos es a los mortales moralmente admisible... pero asimismo, la posibilidad de la incredulidad en algunos, de la que naciera más tarde y en nuestra cultura, la filosofía.

Fe comprensible por esa vivencia de inquietud ante lo desconocido, de lo que está "más allá" de la comprobación empírica (es lo meta-físico) y que hace lugar a un "saber hacer" en prácticas que conjuren ese temor... que lo símbólico trasciende y envuelve... si Dios en sánscrito es "dyau" que significa día, luz, lo que permite ver y da vida. 

Pero todo dado, para el hombre (filosóficamente dicho) en y desde la inmanencia de su vida; aún, respecto de lo que pudiera trascenderla, aún de lo metafísico. Es que Dios habría representado ese "otro polo" de la necesidad de amparo que la conciencia (relacional) del humano contrapone a toda contingencia que lo excede en su experiencia de vida. Representado ante ellos, por objetos tenidos por sagrados que les procuren amparo; y en torno a los cuales, la práctica de un culto.  

Si bien la incredulidad en otros, fuera más tarde asimismo probable, de la que naciera una razón filosófica; formuladora de los interrogantes últimos sobre la vida y la muerte; es que "el becerro no necesita ser de oro, puede también ser de ideas", bien se ha dicho... experiencia que se expresara en argumentaciones y en modos de vida; y en prácticas que originaran asimismo, un saber hacer... como dijo Plotino: sin verdadera virtud, hablar de Dios es un mero nombre. Ideas, prácticas y devociones traducidas en discursos que involucraran a su ser; aún en y desde, la inmanencia de sus vidas, pero trascendidas ya en esas prácticas, creencias y expresiones.

Preguntas últimas sobre un más allá y sobre el sentido de la vida... si es que aquél lo hay y si es que ésta lo tiene... que fueran dejando de subordinarse a lo mágico-ritual... pero provistas en cambio de un lenguaje más conceptual.

Como las pruebas sobre la existencia de Dios en la escolástica cristiana. Que también eran discursos sobre un símbolo, sólo que manifestadas ahora con conceptos e ideas; con el logos, en definitiva.

Pero a los interrogantes formulados, por parte de la deidad no se obtenía sino el silencio... ninguna respuesta que no fuera el silencio; aunque Ireneo sostuviera, invirtiendo el orden de aparición, que era del silencio primordial que surgiera el logos.

Pero, ¿no pudo ser que surgiera también esa necesidad de pensar, de la fascinación ante la contemplación de un cielo nocturno estrellado y de la necesidad de expresar esa emoción...o de la visión diurna de la línea del horizonte unida al deseo de trasponerla y conocer un más allá... siendo que en realidad, el horizonte está menos en el paisaje que en los ojos del que lo observa?

Ello sin olvido que en las culturas orientales, la divinidad también era el silencio del nirvana (del sánscrito, estado supremo espiritual de liberación y paz) y  que en el budismo Zen durante la dinastía Tang, se consideraba que la iluminación se alcanzaba mediante el cese del pensamiento conceptual y por la quietud mental; su maestro Huang Po así lo predicaba: "no busques la verdad, tu propia búsqueda destruiría lo que buscas"... aunque esto pueda sonarnos contradictorio desde la lógica. Así como, invirtiendo la epistemología , dirían los cristianos Juan y Pablo: "conozco porque soy conocido, amo porque soy amado"... donde Dios, nos parece, queda más presupuesto que demostrado.

Relata el mismo Huang Po acerca de un hombre que, en busca de una respuesta divina, gritó en el valle y oyó una voz; subió la montaña y nada descubrió; bajó y volvió a invocarla; pero ocurrió lo mismo; entonces quedó en silencio y comprendió: lo que oía era el eco de su propia voz. Una acción humana y su repercusión sonora, no más. Ni es que le respondió la montaña ni mensaje divino alguno. Entonces, ¿el silencio porque la Nada?...es lo que nos preguntamos.Dijo Simeón: que se despida de la vida eterna quien no la viva ya aquí. Pero, ¿no se está presuponiendo ya, aquí, la existencia de tal vida eterna?

Tales, los esfuerzos por proyectar la vivencia de lo ignorado a alguna trascendencia. Es que se le impone al hombre un salto "a lo que ni sus sentidos justifican ni su razón prueba"... la fe, "asentada en su corazón", se ha dicho. ¿quiere decir que en tanto sentida?. Pero el sentimiento, ¿qué prueba fuera del sentir mismo?

 En tanto, la creencia entendida como articulación doctrinal hecha por una colectividad y prolongada en el tiempo, condujera a su institucionalización en una iglesia.

                                                        III. La presencia del otro

A menos que se trate de la contingencia de un estar-con, de un vivir-con; y entonces experiencia, no de un soy sino de un somos; y en comunicación, por tanto, la palabra... es que toda experiencia humana tiene como fondo (y profundidad) la necesidad de colmar esa vivencia de vacío... intentando quedar en armonía consigo y con el universo; que no sería pues, sólo experiencia de un yo sino que habriría  a un "tú", "liberador de la negación del sí mismo" (aunque creamos necesario asimismo, la afirmación del sí mismo, sólo que lo sea sin negación del otro). Dios, ha dicho Panikkar, como aquello que "rompe mi aislamiento respetando mi soledad"... es lo que me abriría a los demás.

...si a la estructura de la realidad, la venimos suponiendo solidaria desde los estadios primeros de la vida humana, como vimos al agruparse... pero lo que se está planteando, es si puede ser además, experiencia de un más allá, sólo que hoy entendida desde una perspectiva más personal además, y sin negación del otro... experiencia que "no se compra en ningún mercado, aunque se llame templo", nos añade el citado autor... si cada hombre es sacerdote en tanto que mediador entre cielo y tierra, nos añade el Heidegger poético; ni ángel ni bestia según Pascal... es que carece de naturaleza... ya el primer hombre bíblico, Adán, si lo leemos a la inversa significa "Nada"... que lo era en sí mismo, pero porque debía realizarse por sí mismo.

Si ni siquiera se dio la vida por sí mismo; y si los que lo siguieron llegaron a ser conscientes de sí, lo fueron por haber evolucionado como especie, según vimos al principio; a partir de lo telúrico y de la sola animalidad inconsciente de sí.

Pero para los orientales, Brahman es todas las cosas. Por tanto, descubramos entre ellas "de manera especial", al prójimo: y apliquemos el cristiano "ama al prójimo como a tí mismo"; que es cuando el yo se objetiva en ese tú que sí es experimentable... el amor, según los Vedas, ha sido la primera semilla de la mente. 

Sin embargo, en tanto que la religiosidad ha comenzado con la creencia que rechaza toda duda, el pensamiento empieza por dudar, incluso de lo que piensa, interrogándose a su respecto; lo que ha obligado a pensar... y pensar para conocer, que tiene por objeto al Ser, que es un verbo que es sustantivo: pensar para ser, experiencia que le es dada no sólo como posible sino como impelente, en expresión de Zubiri, al animal racional que somos.

                                                       IV. El primado de la razón

Por tanto, en el pensamiento occidental ha primado el pensar sobre el ser; pero de Dios, sólo parece saberse, que no se lo puede conocer; ¿no será éste acaso, el límite empírico del conocer mismo?, ¿no será que ese "más allá" no sea más que experiencia del vacío, de la ausencia... que no se alcanza, ante lo cual el mismo Heidegger se ha detenido?

Si bien este autor intentó en primer término, una fenomenología del hombre en la existencia; y como arr: ¿por qué soy en el mundo?... con la posición de la Nadaojado en ésta; y lo hizo en primera persona: sentir que soy (las demás cosas que no son hombres no lo sienten); pero soy en el sentido de "estar en una situación ya dada"; así, soy en relación con lo que no soy; me preocupo entonces por mi ser; de ahí la necesidad, o referencia a las cosas cuya falta advierto porque me preocupa mi ser; significa que las cosas me sirven; y de tal modo, soy en tanto que tengo que ser; de ahí, las posibilidades y el proyecto; y al sobrepasarme me estoy anticipando a mí mismo; todo, en el plano de la temporalidad: el encontrarme en una situación ya dada (que se funda en el pasado), el interesarme en las cosas (en el presente) y el proyectarme al futuro; de modo que me anticipo a mí mismo y por eso, la temporalidad es la unidad de un proceso que atiende a la necesidad ("sorge", en alemán), a la que le sigue la preocupación, el atarearse en las cosas, el trabajo...

De manera que la "trascendencia" no es lo que existe independientemente de la conciencia sino que es el acto por el que el existente se sobrepasa: por este acto, se constituye el yo y, correlativamente, todo lo que no es él; esto es, por el otro lado el mundo, modo de ser de todas las cosas pero en relación a la existencia humana; el mundo, como "sistema de relaciones instrumentales" centrado en el existente; esto es, como economicidad ...

                                                           V. La pregunta metafísica

Y he aquí la introducción, en la estructura existencial humana, de la pregunta metafísica: ¿por qué soy en el mundo?... con la posición de la Nada en el corazón del existente.

La conclusión del análisis existencial, por consiguiente, referido al sentido del mundo, en cuanto sistema de relaciones instrumentales, que es la utilizabilidad, correlativa del existente, y éste, como economicidad, como un "tener que hacer" y por tanto, un proyectarse sobre posibilidades; y en este proyectarse, su capacidad de comprensión del ser del mundo y de las cosas.

¿Se ha agotado aquí el examen?, ¿el hombre es todo él, sólo economicidad?...O bien hay en él una exigencia más profunda, un desarrollo ulterior de su capacidad de comprensión. El hombre, en cuanto economicidad está ligado a las cosas; y su mismos ser-ahí está dado por ese vínculo; pero es por este mismo hecho, que busca también la razón: soy en este mundo, pero ¿por qué soy?.

La conclusión de Heidegger al examinar la pregunta metafísica como insertada en la estructura existencial, es que esa pregunta no tiene respuesta; no al menos, una positiva; no hay un por qué de los por qué; no hay un fundamento ("Grund") o razón de ser, para ninguno de los tres momentos constitutivos del ser humano: el encontrarse arrojado en el mundo, el interesarse por las cosas que encuentra en él, el proyectarse sobre sus propias posibilidades, el trabajo...

Según el autor, el existente se encuentra ya "arrojado" en el mundo y vinculado a una situación asimismo ya dada; por tanto, sin fundamento; esa red de porqués que constituye nuestra comprensión del mundo se apoyaría en algo que es sin por qué; nuestro sentido del mundo se funda sobre lo que no tiene sentido (WM). Pero aquí ocurre una inversión: mientras que antes el existente se sentía ligado a las cosas, ahora sólo las tiene presentes para sentir su radical separación de ellas; el ser-en-el-mundo significa ahora: soy en el mundo para rechazarlo de mí (WM); si bien este retraerme en mí es recuperación, lo es sobre un fondo oscuro: la verdad es ahora el ponerse en descubierto de la Nada.

También es sin por qué, la correspondencia entre éste o aquél ente en ésta o aquélla necesidad, que es la razón de su interesarse por las cosas en cuanto utilizables.

[Por tanto, añadamos, no seríamos un interior inviolable sino un exterior vulnerable].

Y si existir es proyectarse, el último por qué lo es, según el autor, el de la suprema posibilidad de proyección que tenemos, esto es, la muerte.

[Resultarían, observemos, contrapuestas filosofía y religión (aunque esto no se aclare en la teoría que recordamos aquí), porque lo absolutamente negativo de la una es lo absolutamente positivo de la otra: la muerte; ello asumiendo que referir a lo sobrenatural de la realidad, esté implicando la inmortalidad del alma.

Si bien esa suprema posibilidad de morir, advierte el autor, no puede concebirse como evento real; para ser suprema, según el autor alemán, no debe cesar de ser posibilidad en la inmanencia del proceso de existir.

Lo que sí en cambio enuncia , es una exigencia de autenticidad en el ser consciente de sí, que somos...

                                                            VI. Autenticidad

Es que la exigencia metafísica hace necesaria una polarización de actitudes, según Heidegger, de dos modos de comportarse del existente frente a la inquietud (metafísica) del por qué: o se mantiene en esa suspensión en la nada o bien quiere huir de esa inquietud engañándose en el objetivarse de las cosas y en la generalidad anónima de la opinión media de los coexistentes. Se puede tan sólo existir, pero sería una decisión que habría transformado la cotidianeidad en inautenticidad, con olvido de nosotros mismos, con lo que hay de "más propio" en nosotros.

Existencia inauténtica pues, como fuga ante el auténtico sí mismo-que es soledad advertida como angustia- y alienación de sí en la servidumbre de las cosas utilizables: por tanto, "el trabajo": un ocultarse a sí mismo, un evitar mirarse para entregarse a las cosas y refugiarse en ellas; es la caída en la existencia inauténtica (SZ).

Pero frente a su ser "arrojado", el existente huye de esta situación quedando a merced de las cosas. Rechaza su pasado, su situación originaria, y es en esta referencia al propio pasado donde tiene su génesis el temor a las cosas. Puede parecer que se orienta al futuro, pero no es así. Tiene miedo el que no se posee en su auténtica naturaleza; es por eso, siempre temor a ésta o aquélla cosa determinada.

El presente inauténtico es la urgencia de las cosas que hay que hacer; el futuro, la preocupación por el resultado de éste mi presente obrar, por el éxito o el fracaso de lo que me absorbe.

Y de las cosas, captamos su sentido. Algunas, se prestan a ser "manejadas". Y esta utilizabilidad nos absorbe, favoreciendo "aquella fuga de nosotros mismos". En la progresiva ampliación de nuestra técnica, creemos apoderarnos y dominar las cosas, de modo que puedan satisfacer nuestras necesidades prácticas, pero en realidad son ellas las que se adueñan de nosotros... nuestro ser se desperdiga perdiendo unidad.

Nos estamos identificando con la fracción del ser que de momento en momento nos atrae por su valor práctico. No es más que relación de interés por las cosas. En el trabajo, entonces, nos despersonalizamos, en una perenne distracción de nosotros mismos; continuo esfuerzo por aturdirnos, para no entrar en el trágico coloquio con nosotros mismos centrado en el motivo: "¿tiene sentido el hecho de que me encuentre en el mundo? ¿por qué soy más bien que no ser?"

Se trata del anonimato en una "sociedad de masas"; en donde, así como frente a las cosas es de temor, frente a los otros lo es de desconfianza y hostilidad; o al menos, de indiferencia. Pero así como en la relación con las cosas se abre camino la comprensión familiar y la "manejabilidad", así también en la actividad económica del trabajo en relación con los coexistentes, se abre camino la comprensión de los "otros" como colaboradores de cada uno en la obra común de defensa (contra las cosas).

El ocultarse a sí mismo en el trabajo, [que no es elevación a ideales que constituyan la humanidad más auténtica], se intensifica en la colaboración social, en la red de relaciones. En la vida cotidiana cada uno llega a sentirse como uno en medio de los otros... impersonal o anónimo "otro" con quien debe ajustar cuentas a cada momento... indeterminado y neutro "Se".

Sujeto de lo que se dice, se piensa, se hace: fuente de todos los convencionalismos sociales, de las formas de dominio público, de la banalidad promedio niveladora; cada uno se despoja de la propia responsabilidad para volcarla en el anónimo "Se"... de donde, producción en serie, opiniones en serie, predominio de la moda... el vivir conformista en el tiempo "de todos los días", en lo "habitual", para el cual, como era ayer así es hoy y será mañana [pero siempre, en el tiempo]

La existencia inauténtica es el esfuerzo por disimular el temor a la muerte... pero el existente, en tanto "tiene que ser", y serlo ante un conjunto de posibilidades de actuación... sólo que entre éstas una extrema, la de morir; que se nos revela con su trágica verdad, en la angustia... evento posible en todo momento, pero que colocamos en el anónimo "Se": porque si bien es posible en todo momento..." para mí, todavía no"... evento que ocurre al término temporal de una vida pero en tanto nos resulte siempre futuro... y aunque ocupados siempre en algo, queda latente en el tedio... radical de la vida misma, del todo.

Porque el presente es la urgencia de las cosas por hacer; el futuro, la preocupación por el resultado... pero en tanto, la certeza más absoluta es posible en todo momento... y cuando el individuo se recoge en su interioridad, la totalidad del Ser se le presenta en su contrario, en el acto de desaparecer en la Nada... [Es que nuestra misma libertad tiene sus límites: cada posibilidad que se elige elimina otras y toda situación que se acepta posterga otras. Sólo que hay una que es insuperable].

                                                           VII. La verdad

Para Heidegger por tanto, aún el problema de la inclusión del existente en la historia, entra en el ámbito de la analítica existencial, al captar este análisis la esencia de la existencia en el "ser para la muerte". Pero si queremos mantener firme tal principio básico, débese afirmar que la autenticidad es el anulamiento de toda posibilidad mundana, relegada a la "oscuridad indiferente de la Nada".

Pero frente a ese vacío, Heidegger retrocede... En su lugar, analiza en posteriores escritos el tema de la verdad, que en su sentido etimológico es "no-ocultamiento", es el salir un ente de su ocultamiento, el revelarse de lo que está "velado" en el Ser; y recordando el papel esencial que se ha atribuido al sujeto en la relación de conocimiento, a esta posición la denomina "humanística". Que él en cambio revierte en perspectiva ontológica: sosteniendo que el pensamiento originario no es del hombre sino del Ser; que es el Ser el que piensa, y no puede hacerlo sino de sí mismo; que el pensar y existir humano, es "estar en la luz del Ser"

[¿el Ser es entonces Dios, la totalidad de todo lo que es?... no lo sabemos].

Seguidamente, no deja de sorprendernos al decir que es el lenguaje la casa del Ser, que el hombre habita en esa casa y que el pensamiento es aquello por medio del cual el Ser llega al lenguaje. Por último, y ambigüamente, sostiene que quizá el tema requiera, "más que de un expresarse precipitado, de un apropiado silencio"... y otra vez el silencio, como en la comunicación religiosa con Dios; y otra vez, el carácter de misterio del mismo Ser en cuanto ser. 

Tal sólo parece quedarnos la Nada, como "absoluta negación de la totalidad del Ser" que se descubre en la angustia... no obstante que el ir "más allá" del ente acaece ya, "en la esencia misma de la existencia".

                                               VIII. El hombre, animal racional

El hombre entonces, animal racional dotado de un lenguaje articulado con que nombra las cosas y se comunica con otros hombres, integrantes no sólo de una sociedad sino también de una común cultura social, teniendo por destino su perfeccionamiento intelectual y moral... ya lo dijo Kant: "nunca ha dejado de asombrarme el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí"... ¿sería ésta la experiencia de Dios "como el núcleo más profundo de mi ser"?

Pero no pretendemos una concepción de la divinidad sino la concreta relación de Dios, si lo hay, con el mundo; ni una visión dualista de distancia infinita entre creador y criatura, ni otra monista por completo, de que todo sea Dios o todo naturaleza; es que perspectiva desde la criatura no existe; sí relación, que es asimismo de razón según Espinosa; ni separación absoluta ni identidad total pues, según la enseñanza oriental... Dios es "polo de la realidad" según los términos de Panikkar, "nada en sí mismo", añadía.

Hubo sí, un Jesús histórico, que nos dejara su experiencia, el recuerdo de su vida y de su palabra, con su enseñanza inmortal: "ama al prójimo como a tí mismo"... que además es, para el creyente, el Jesús resucitado, vivo; pero esto requiere el acto de fe, muy respetable por cierto, que no excluye necesariamente la razón, que es lo que la tradición occidental acredita.

Es que hubo religiones del Libro y las hubo de La Palabra; esta última, "viva, oída y transformadora"... esto, para el creyente. De lo que podría inferirse que el Espíritu (de la Trinidad cristiana) sea la auténtica libertad que deba realizar el creyente; la Nada entonces, concretada en el Ser, filosóficamente hablando, donde Dios estaría al final del proceso más que en su origen.

Por tanto, la primera concepción del cristianismo lo fue como completa religiosidad, abarcadora de toda la vida del creyente ("abandona todo y sígueme"); después, con Constantino, una concepción totalizante en el sentido de comprensiva de lo político, lo social y lo temporal (la entera cultura social); y con el Renacimiento, una separación de lo político y social, de lo doctrinario... pero sin pérdida hasta hoy, de una experiencia personal de reflexión sobre "las creencias fundamentales de la vida", lo que implica religiosidad y filosofía.

Lo innegable, ha sido el ecumenismo, que cada religión se ha atribuido... pero que no tiene por qué excluir un diálogo inteligente entre ellas. Lo contrario es el retroceso a las creencias tribales en pugna. Es que la experiencia cristiana deriva de dos tradiciones: la semita y la griega. La fe y la razón. Pero la divinización en cualquier caso, no debiera tener que consistir forzosamente en el "ascenso al ser, de un Padre estático", sino que el Ser es un ser, siendo; sustantivo y verbo, ya lo dijimos; lo que abarca todas las cosas en el tiempo y en la historia... en los que le fue dada al hombre la vida, con sus vicisitudes... si Jesús mismo sufrió la experiencia del mal, y hasta el abandono de su Dios, en palabras que se le atribuyen.

                                             IX. Inclusión del hombre en la historia

Heidegger no había dejado de considerar la necesidad de incluir el problema de la historia en su analítica existencial. Sólo que, según este análisis y siendo la esencia de la existencia un "ser para la muerte", de mantener firme ese principio, se seguiría de la exigencia de "autenticidad" un anulamiento de toda posibilidad mundana, relegada en definitiva a la Nada. 

Y frente a ese vacío, él mismo pareció retroceder... anticipábamos al plantear tal exigencia.

Es que faltaba en él una explícita inclusión del hombre en la historia que Dilthey, filósofo alemán  del siglo XIX, acomete . Y es con éste, que nace la historiografía. Su modelo, basado del modo más concreto en el psicologismo de Mill y en el sociologismo de Comte, se apoya en leyes según la experiencia que no son, ni las abstractamente intelectualistas ni las metafísicas... de modo que no ahoguen,la originalidad de la vida espiritual y del mundo humano.

                                              X. Las ciencias del Espíritu

Nacen así, de un finlas ciencias del espíritu, con un carácter crítico y en procura de una razón histórica. Pero ello, en la inmediatez de su contenido, abarcando tanto la vida interior como la experiencia vivida. En concreto, la vivencia. Que es decir, el propio ser personal en su intimidad; que se va formando en el tiempo, en un proceso siempre abierto.

Sin dejar de estar como estamos -añadamos- en el centro mismo de esa semiesfera, según la concebían los antiguos, del universo y teniendo por delante un horizonte que aparenta ser límite para nuestra libertad de actuar, pero que es sin embargo límite tan sólo para la vista, porque nos invita siempre a transponerlo, corriendo el límite a lo desconocido, más lejos, más allá.

Se indagará ahora al individuo humano en concreto, en su sentirse vivir, con una conciencia vital como elemento de un mundo asimismo humano, con un sistema propio de conexiones estructurales; buscando en su interioridad la unidad que la torne inteligible e integrada al mundo de relaciones, de acciones y reacciones. Mediante una experiencia que sea inmediata y concreta que nos conduzca a su carácter específico, que es precisamente la interioridad humana.

Porque hay también una estructura de vida que es interior, compuesta por relaciones del suceso espiritual dentro de la vida en su unidad; y dada ésta en la inmanencia de un fin. De donde, la presencia de la totalidad de una vida en cada uno de sus momentos. Estructuralidad entonces, de la vida psíquica; lo que equivale a relaciones constantes en el modo de comportamiento de la conciencia... frente a sus contenidos. 

Formas estructurales (entre el acto y su contenido) que se configuran según el fin; el que puede ser: de aprehensión del ser en el conocer, de determinación del valor  en el aprobar o reprobar, o de postulación de un objetivo práctico en el querer... conexión que es inseparable en estas tres actitudes, en la unidad del acto de conciencia.

Con una proyección de lo individual, al todo que le da significado.

Entonces: a partir del individuo ("elemento" de la vida espiritual), pero con su existencia condicionada por sus relaciones con otros; las que, una vez consolidadas y estabilizadas, y de las cuales, las formaciones superindividuales... si ya en la introspección el individuo es conciencia de sí... cuando no se limita a vivir su estado sino que capta su significado mediante un discurso interior que exterioriza al expresarlo...

De modo que, siendo que las ciencias del espíritu apuntan a la conexión entre la vivencia y su expresión, y de ahí su comprensión... y siendo que ésta supera la inmediatez del vivir... resulta que es la objetivación de la vida por construcciones conceptuales, el procedimiento específico de las referidas ciencias... no obstante el vínculo permanente habido entre comprensión y vida interior.

Y esta expresión da ser, a lo que denominamos mundo humano. Sólo en ella se conoce el hombre a sí mismo; y sólo en ella se basa una comunidad entre los hombres. En una realización progresiva que no excluye la creatividad sino que la estimula.

Mundo humano entonces, con fundamento de validez objetiva. Según categorías, las principales de las cuales son la temporalidad y el significado.

La temporalidad: en el curso de la vida y en la modificación de su contenido concreto; experimentado como un incesante adelantarse del presente; encontrándose nuestra vida toda en éste... siendo que éste no es sino que transcurre; sin embargo necesario, real y posible (necesario el pasado, real el presente y posible el futuro); con nuestra actividad libre dirigida a un fin, al proponernos un objetivo. Y al ejecutarlo... que siempre es más tarde de lo que creemos.

Dijo Schiller: viene rápido el porvenir, vuela el presente y eternamente inmóvil está el pasado... y agreguemos, cuando este último regresa en forma de recuerdos a nuestra soledad, más que poblarla la profundizan.

Y el significado: dado que cada momento lo adquiere por su conexión con la totalidad (relación del pasado con el futuro y de la existencia individual con la humanidad), la que nunca se completa ni cierra.

También carácter de historicidad (esencial al hombre y al mundo) se reconoce a esa producción cultural que es la filosofía, con su constitución propia que vuelve siempre a su principio aunque sin reducirse a él; constitución de sí que es correlativa a la autoconciencia (del hombre); de donde, el conocimiento de sí y finalmente, el dominio de sí.

Es que todo sistema filosófico es la intuición de vida con base en la experiencia: Es una elaboración conceptual (que no es igual ni a la religiosa ni a la artística) donde se atribuye validez universal a un principio incondicionado... aunque de vez en vez, los hechos lo desmientan. Lo que sí es de exigir: la liberación del pensamiento de toda intransigencia dogmática. Necesidad pues, de una filosofía de la filosofía; que es decir, de su autocomprensión histórica.

Sólo que la vida en común que se expresa en los resultados de la historia es "un curso sin epílogo": sería necesario esperar el fin de la humanidad para captar su sentido final... tenemos dicho.

                                                         XI. El ser y la nada

En cambio para Heidegger, reiteramos, el problema de la historia entraba también en el ámbito de su analítica existencial. Sólo que, incluida en ésta, debiéramos tener que captar el análisis como de un "ser para la muerte". Y de mantenernos firmes a ese principio, afirmar que la autenticidad es la anulación de toda posibilidad mundana.

No obstante nos advierta el autor, que la antes referida suprema posibilidad en el hombre, no puede concebirse como evento real; para ser suprema, no debe cesar de ser "posibilidad", inmanente al proceso de existir. En todo caso, el momento de la pregunta metafísica sobre el último por qué... no puede sino recibir una respuesta negativa por parte de este filósofo.

Se referirá él en cambio, en escritos diversos, a veces a lo que el individuo ha hecho en su pasado mundano e incluyéndolo en un destino histórico, sabiendo en qué punto del curso histórico él se encuentra y sabiéndose para su tiempo, hablando de un pasado común ("el existente se elige sus héroes", SZ)... es que debió considerar la necesidad de que el historiógrafo pudiera ante todo comprenderse a sí mismo en su historicidad existencial y en su participación en la obra común de utilización de las cosas del mundo. Como cuando refiere a los objetos mundanos, con los que "un fragmento del pasado es aún presente"(SZ)...

Finalmente, dice anunciar la superación de la Metafísica pero no indica cómo hacerla.

Entonces, ¿negación del Ser descubierto en la angustia o trascendencia del ente como esencial a la existencia humana?

Enigma pues, para un objeto abstruso.

                                                     XII. Enfoque desde la religión

¿Es posible pues, el conocimiento de un objeto inasible, que se nos escapa.. siendo que para Hessen el tipo de objeto de la Metafísica es el  que denomina, precisamente, como   suprasensible? real según él, existente según él, pero que reconoce como "más allá de la experiencia" y que sólo puede conocerse de modo indirecto, por un método que el autor denomina reductivo (volver a traer), el cual no es ni deductivo ni inductivo sino que es una "visión espiritual inmediata del ente en sí". Y como tales, menciona a la sustancia y el alma. Pero, ¿es del todo claro inferir el fundamento desde la consecuencia... siendo que ésta no pone a aquél y siendo que consecuencias pueden darse diversas?... si hasta se reconoce que tales objetos no son experimentables.

Con el mismo propósito, Zubiri, quien apoyado en lo que llama "razón teológica", no sólo que hace de toda la Filosofía una Metafísica sino que, diciendo basarse en Husserl y Heidegger, formula un nuevo vocabulario para una distinta conceptualidad, lo que hasta aquí podría ser admisible. Sólo que, afirmando a continuación partir de la realidad (¿de la "inmanencia" de Panikkar?), en verdad lo que se propone es demostrar la realidad suprema de Dios.

Entiende que el Ser no tiene sustantividad, lo que aún podemos concederle... si bien lo que en realidad no tiene es la substancialidad aristotélica; y reiterando que lo primario y fundamental es la realidad, nos advierte que las cosas reales tienen notas, cada una de las cuales lo es de todas las demás, formando así un sistema. Con lo que nos quiere significar: su carácter de trascendentales y abiertas, siendo más de lo que son y por tanto permitiendo una apertura y comunicabilidad de lo real.

Pero concibiendo a la Metafísica, no como estudio del Ser sino de la realidad en cuanto tal; y ésta, con un carácter dinámico y temporal que consiste en un "dar de sí", o más precisamente, en  un "estar dando de sí". Pero aquí, de este pretender fundamentar la realidad se salta al hombre, por ser quien se plantea el problema y por ser quien se ve impelido a hacerse persona por "religación al poder de lo real" (que no es el "vivir- con"...otros hombres, de Hanikker), sino que es compenetración con Dios. Y su misma presencia, como manifestación de lo enigmático... de este modo considera resuelto el autor el problema del fundamento del hombre por Dios, Éste, como Realidad Suprema, presente en todas las cosas.

Sólo que, por admitida que tengamos la sustitución de la substancia (aristotélica) por la  sustantividad de su teoría, así como también la referencialidad que puedan presentar todas las cosas, lo que no podemos, ni aceptar ni rechazar puesto que la teoría no lo demuestra, es esa tal religación poder de lo real... dado que la razón teológica que se invoca no se basa en verdades de razón sino de fe... y dado que la voluntad de verdad que se propone como guía de su método, no es más que petición de principio en sentido lógico... porque, si en la supuesta experiencia no se manifiesta más que lo enigmático, ¿qué se está demostrando?

Todas, elucubraciones surgidas de la soledad del hombre, enfrentado a la evidencia de su muerte inevitable y a su ignorancia acerca de un "más allá" de lo verificable.

Pero que un consuelo le quede . El de sus buenas obras en sentido moral y estético, aunque rebasen su vida... que el registro historiográfico acaso las rescaten, para enriquecer nuestra cultura... como lo fue la ejemplaridad del sacrificio de Jesús, que hasta dividió el tiempo de toda una  cultura occidental.

En conclusión, el primado de la razón que no niegue la fe y la realización personal que no perjudique al prójimo. Es decir, que los altos valores de la cultura social que compartimos, prevalezcan sobre la turbiedad de la ignorancia y la opacidad de la realidad material. Y en cuanto a la posibilidad de una Metafísica, ello dependerá del grado de autenticidad (espiritual) con que cada uno enfrente su destino.

                                                                                                       Rosario, Agosto de 2026



Una buena voluntad