Juan Alberto Madile
La muerte de Sócrates, por David
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El fundamento del deber

La moral tiene que ver con nuestro comportamiento consciente. La razón, aplicada a tal comportamiento, es pues

La moral tiene que ver con nuestro comportamiento consciente. La razón, aplicada a tal comportamiento, es pues una razón práctica. Y así el deber concreto aplicado a las situaciones es un hecho de nuestra vida.

Pero, si bien tenemos al deber como hecho de nuestra vida, no es menos cierto que la idea de algo no prueba que ese algo exista, ni el hecho de que algo exista prueba que deba existir. ¿Existe pues, el deber? ¿Debe existir?

En todo caso, tal experiencia -como todo lo sometido a la razón- requiere ser fundamentado (principio de razón suficiente). Vale decir, requiere de un razonamiento que la justifique. Justificación que históricamente fue mística primero (la idea platónica) y metafísica después (la ley natural); pero hoy, con la ciencia y la tecnología, en una sociedad compleja con diferenciación funcional, ¿no nos parece superflua?, ¿no vemos prevalecer otras "habilidades" poco morales?

Conviene ante todo distinguir este fundamento de su sustrato, tarea principal de la filosofía moderna; que es hoy: el conocer del conocer mismo así como la ética en la aplicación de este conocimiento.

Si ya en el valor acordado a la verdad está implicado un problema moral: bien sabemos que atenerse a ella es siempre bueno, pero decirla ¿es siempre justo?... callarla por conveniencia o temor ¿es justificable?

Se puede hoy, con pocas dudas, dar los fundamentos de las ciencias: la evidencia intuitiva, la percepción. Pero en cuanto al deber, ¿se proporciona algún fundamento de su obligatoriedad? Los ejemplos, no sobran. Entonces, ¿el fundamento se reduciría al mandato que lo impone?, ¿y de dónde proviene éste?, ¿de la sola vigencia de la institución que lo estatuye?... no parece suficiente.

Un imperativo, incondicionado pero no por la autoridad exterior sino por la razón crítica, fue formulado con el pensamiento moderno: afirmó que tenemos una voluntad que se guía por la razón pero como también somos seres sensibles, nos es imperativo; y nos dice: guíate de manera que la máxima de tu acción pueda valer como ley universal. Es decir, que lo que hagamos pueda valer para todos. Nos es imperativo, pero no obedecemos más que a la razón.

¿Y qué otra fuente podrá proporcionarnos hoy un fundamento racional de la experiencia, que no sean las ciencias mismas? Entre ellas, la psicología como ciencia de la experiencia interior y la sociología como ciencia de la experiencia social.

Fundamento a nivel psíquico, lo ofrece nuestra autoconciencia. Al hacernos testigos de nuestro propio comportamiento... de modo que lo que hacemos puede o no coincidir con lo que debemos hacer... y a esto lo sabemos, aunque pretendamos engañarnos. Experiencia simultánea que así tenemos, sin incompatibilidad, tanto en el ser como en el deber ser.

Y a nivel sociocultural, siendo que no sólo vivimos sino que también convivimos y nuestras conciencias refieren entre sí y según ello interactuamos. La conducta asume así formas exteriores en situaciones que se repiten; por tanto, dada la situación, una expectativa en los demás que, de ser defraudada, reaccionará desaprobando. Reacción que llega a institucionalizarse en órganos fijos que aplican reglas generales al caso. Así se entiende, tanto la moral del deber como una ética compartida que las instituciones garantizan... cuando esto funciona.

¿Cuál podrá ser entonces el criterio fundamental de lo debido, en un mundo que ha terminado librando a la persona a sí misma, que no sea el respeto a su autodeterminación en tanto no afecte a terceros.

¿Y cómo se lo realiza? Con educación, con transmisión cultural... de modo que permanecer en la ignorancia resulte insoportable para el individuo y sobre todo intolerable para la sociedad y sus responsables.

¿Pero no es una contradicción decir: determinación propia mediante cultura ya determinada? No lo es, si de la enseñanza erradicamos el dogmatismo (que priva de ese espacio reflexivo que hace de lo aprendido algo propio) y el autoritarismo (que no permite se piense distinto).

¿Es esto fácil? En modo alguno; requiere de pensamiento crítico, de defensa de las libertades... si quienes esto inspiraron fueron obligados a morir... le ocurrió a Sócrates, a Jesús... Entonces, que el pan alimente nuestro cuerpo pero que sea una idea propia la que nutra nuestro espíritu. Y que al desarrollo de esa idea, acompañe el dictado de la razón práctica: que lo que hagamos pueda valer para todos.

Su publicación periodística: el 18/10/2021, en Rosario (Santa Fe), Argentina.



Una buena voluntad