Juan Alberto Madile - Pensamientos
Fiodor Dostoievski
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Es verdad que hacemos lo que queremos?

¿La voluntad es libre? El mismo querer, ¿lo es? ¿Poder obrar/ poder querer, y ello, libremente? Quiere decir, ¿no por necesidad?

¿La voluntad es libre? El mismo querer, ¿lo es? ¿Poder obrar/poder querer, y ello, libremente?   Quiere decir, ¿no por necesidad? Siendo lo necesario, por el contrario y en general, aquello cuyo opuesto es imposible... pero esto lo es en un sentido físico... porque lo necesario también puede ser en sentido racional, donde su contrario -lo no necesario-, equivaldría a "falta de razón suficiente determinada"... y aún está lo posible, lo que puede ser o no ser...

Como atributo de la voluntad humana, libre entonces sería "no determinado por motivo ni razón alguna". Pero, ¿no iría esto contra el principio (lógico) de razón suficiente? Porque libre en este caso sería hacer lo arbitrario, hacerlo por un capricho momentáneo. Y asimismo hay necesidad en un plano de deber ser, como lo debido en sentido moral; cuyas alternativas serían la prohibición de un hacer y la permisión de aquello que se puede o no hacer.

Si me dirijo ahora a mi exterior, hallo al principio mencionado, casi como equivalente a causalidad; la cual puede ser: causa física, excitación (la que se provoca en un organismo) o motivación (la de un ser consciente).

De modo que, como ser consciente y racional que soy, hago algo por un motivo y según circunstancias dadas. En este caso estoy evitando el mero capricho, pero ¿estoy haciendo lo que quiero o me determinan en cambio, las circunstancias, el motivo predominante (del interés, de la conveniencia, del temor)? ¿Estoy queriendo realmente lo que quiero... o es lo que me hacen querer? ¿Soy efectivamente yo quien determina lo que quiere y en tal dirección ejecuta... sin estar a su vez determinado?

Me detengo brevemente aquí, para hacer notar las instancias que pongo en consideración: una capacidad de hacer, o voluntad/ el querer hacerlo, o decisión en ese sentido/ por un yo, quien elige, decide, ejecuta/ yo consciente, que integra una personalidad más o menos estable/ mediante una conducta o comportamiento que, suponemos, es el yo quien la "conduce".

Y retorno a la pregunta: ¿soy libre?

En la historia del pensamiento se ha sostenido que no; que por más que en el hombre la causa se interiorice como motivo, que por más que la mediatice su capacidad de entender y de representarse las cosas que percibe, no deja por eso él de actuar según el motivo que en ese momento predomine y según las circunstancias dadas... y no haciendo con ello más que responder a su carácter... al que hasta su propia conciencia recién conocería al manifestarse.

Pero no puede dejar de advertirse que es la misma complejidad de sus necesidades, lo que ya ha forzado al hombre a tener que elegir entre los medios de satisfacción; ampliando así una conciencia de la realidad y de su propio yo (somáticamente, en un sistema nervioso y en un cerebro); con una capacidad de representación que le permita pensar y relacionar hasta con prescindencia del espacio y del tiempo que vive.

De modo que lo exterior pueda ser interiorizado, también como motivo del actuar, mediado como queda por el entendimiento.

Esto hizo posible que la relevancia que pudo haber tenido la causa, se haya transmutado en finalidad: la de los propósitos del yo; con inversión del orden temporal: no es ya tanto la causa que lo precede como el fin que el sujeto se proponga.

Imposible no reconocerle entonces, un mayor margen de libertad.

Y volviendo a mi propio yo... a esto lo ignoro. Me reconozco una identidad, claro, pero no sé cuál sea. Depende del qué y del para quién. Porque mi yo es múltiple: está tanto en aquel en quien me identifico como en la serie de las máscaras a que me fuerzan mis roles; tanto en el que soy para cada otro como en el que yo refleje en cada uno de ellos; pudo haber estado también, en algún ideal que alguna vez tomara de modelo; en la suma de todo aquello que pueda considerar como mío; está, algo más concretamente, en ese yo que intenta conciliar en mí, lo instintivo con la realidad que vivo; está en ese siempre aludido centro de mi conciencia que no percibo directamente y al que no obstante refiero mis actos (conscientes); está, confusamente, en mi memoria de lo vivido; está en mi ser colectivo que un extranjero perciba de mi persona,...

Pero sí sé que, en cuanto procuro integrar toda esa complejidad en una conducta con sentido que me procura algún equilibrio entre mi adaptación al medio y mi propio ajuste interno, es a mi libertad a la que estoy poniendo en juego.

En suma, me siento libre; sólo que relativamente y sólo de lo posible; pero sí lo soy, y esto con seguridad, en tanto tengo la facultad de negar todo aquello que pueda negarme, contando con la firmeza para rechazarlo.

Creo entonces, digo, ser libre; lo que no me habilita: ni a la arbitrariedad, ni a la irracionalidad ni a la inmoralidad. Con todo, y aún dentro de esos términos, nada hay que garantice mi felicidad. Pero siempre es preferible la inquietud por ser libre a la asfixia por no serlo.

 El gran inquisidor de la obra de Dostoievski, que ha ordenado detener a Jesús y que lo visita en su prisión, le dice que el hombre es débil y cobarde; que por eso quiere el pan de la tierra y sólo busca en quien descargar esa libertad de elegir entre el bien y el mal que no le genera más que inquietud y duda. Que por eso prefiere el milagro, el misterio y la autoridad. Y que para eso está él, que recibe esa carga a cambio de sumisión; él, que lo escucha y perdona cuantas veces peque, con tal de controlar su interior; él, entre quienes han aceptado la espada de César que Jesús rehusara, tentado que fuera en el desierto... Éste, permanece en silencio, mirándolo a los ojos, con esa dulzura que los padecimientos no han conseguido apagar...

No me dejo robar pues, tampoco mi vida interior; aunque ésta me inquiete. En definitiva: hago lo que quiero... si es lo que puedo y si no es lo que no debo. Que aquí, frente a la prescripción y a la prohibición, vuelve a manifestarse el ejercicio de mi libertad: sea que cumpla o infrinja, sea que asuma o evada las consecuencias de la norma.

Su publicación periodística: el 23/11/2021, en Rosario (Santa Fe), Argentina.



Una buena voluntad