Juan Alberto Madile - Pensamientos
Platón
Compartir:               


El descenso de la idea

En el origen del pensamiento occidental, fue la idea, metafísica, forma perfecta de los fenómenos sensibles y modelo de las cosas.

En el origen del pensamiento occidental, fue la idea, metafísica, forma perfecta de los fenómenos sensibles y modelo de las cosas.

Inaugurando ya el mundo moderno, el racionalismo toma otro modelo, las matemáticas, único conocimiento enteramente racional, no aceptando nada que no se muestre como evidente, indicando reglas para obtener tal evidencia que parten de la duda, en oposición al precedente dogmatismo medieval. Se creen así descubrir ideas innatas, como la de Dios como creador del mundo, con cuya garantía nuestros sentidos no nos engañan y nos permiten distinguir entre una cosa pensante y otra extensa.

Continuará dicha metafísica, racionalista, meditándose la idea de sustancia como única (unidad de Dios y la creación: panteísmo) y la idea de sustancia extensa como unidad de fuerza de modo de superar la dualidad espíritu/materia.

En contraposición surge el empirismo, que niega que las ideas puedan ser innatas y así se lo argumenta, como que tampoco haya principios prácticos de esa naturaleza; supone en cambio la mente como un papel en blanco que la experiencia va llenando; siendo su fuente, la observación; tanto de objetos sensibles externos como de las operaciones internas de nuestra mente; vale decir, tanto de las sensaciones como por la reflexión, respectivamente.

Quedando por útimo no más que impresiones e ideas; y éstas, no más que imágenes de aquéllas. Y llegándose a cuestionar la idea metafísica de sustancia y hasta la de relación causal misma, lo que relativiza la posibilidad del conocimiento.

A fin de limitar este escepticismo resultante, surge un idealismo que procura, en un principio, compatibilizar razón con experiencia; esto es, la forma del pensamiento con el material empírico que es su contenido, sosteniéndose que es el sujeto el que determina al objeto. Y excluyéndose a continuación la metafísica como ciencia, por tratar ideas incondicionadas, las que quedan sólo postuladas por una razón práctica... es que no se ha dado todavía, el "hecho" de las ciencias de la sociedad y de la cultura.

A la sazón, entre las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del siguiente, se producen grandes transformaciones económicas y políticas que dan paso al mundo contemporáneo. Por lo que la idea "se pone en movimiento"; no sin conflictos, lo que expresa la idea de dialéctica. Es que en paralelo, el conocimiento científico se aplica en este nuevo mundo y hace surgir nuevos intereses, por los que se puja.

Movimiento con un concepto central: el de totalidad, y dado en la inmanencia de la realidad, el que es proceso tanto del pensamiento como de la realidad. Es que ahora el conocimiento se aplica y la idea se realiza. Idea que deviene espíritu, en la medida que "el sujeto se vea en el objeto", en la medida que la conciencia sea además autoconsciente.

En consecuencia, y uniendo todo en una realidad humana... si bien compleja: debió ser la idea, tanto la teórica como la práctica -y el espíritu, que es su realización, tanto en lo sociocultural como en lo individual- la que debió haber desembocado en el ejercicio de la libertad. Liberación que fuera del dogma religioso antes, ahora de la ideología de los intereses materiales, por un honesto acceso a ellos y su debida protección jurídica.

De manera que una idea... concebida metafísicamente al inicio, sometida a crítica racional en el mundo moderno y a verificación empírica por el desarrollo de las ciencias contemporáneas y la tecnología, devenida espíritu subjetivo en un individuo con dominio de sí y a la vez espíritu objetivo en una cultura social que debió irse co-determinando intersubjetivamente,... tal idea digo, descendida ahora a la realidad espacio-temporal, no parece haberse vuelto un proyecto concreto, al menos en nuestra sociedad.

Idea nunca absoluta cabe aclarar... como en cambio fuera concebida por una filosofía abstracta anterior. Nunca absoluta por respeto a la libertad de esa conciencia que, una vez superado el dogmatismo tradicional, alcanzó (queremos suponer) la conciencia de sí.

Es que somos en un tiempo que es inestable y fugaz, es cierto, y no obstante responsables de lo que en él hacemos. Y si hemos vivido lo suficiente, somos en él, nuestro pasado; el que siendo irrecuperable, irrepetible e irreparable, también es verdad, sin embargo siempre nos regresa; precisamente porque lo somos.

Con todo, el proyecto de una idea noble a totalizar es lo que nos justifica. Aun dentro de nuestros límites, el mismo unifica nuestra dispersión en el presente y da un sentido a nuestra vida al orientarla a un futuro que oculta nuestra finitud.

Su publicación periodística: con otro título, el 30 de agosto de 2022.



Una buena voluntad